Tardes de cafés y cortadillos
Esta reflexión de Jose Luis Sampedro la memoricé cuando la escuché, me atrapó y me la quedé, pero la entendí y practiqué algún tiempo después. Así vivió 96 años este gran escritor, viviendo el tiempo sin ponerle precio. ¿Podemos ahora practicarlo?
Recuerdo las tardes de café con leche y cortadillos de cidra que mi abuela, mi madre y mis tías compartían de manera tranquila, sosegada y sin prisas. Eran tardes que para mí, con seis o siete años podían parecerme largas y deliciosas, disfrutadas al calor del aroma del café y del sonido de sus charlas; pero para ellas, adultas y madres, seguro que las sensaciones eran las mismas.
Esas tardes no existen ahora, los niños tienen demasiadas clases extraescolares, tareas del colegio y la obligación impuesta por el exceso de información a los sufridos padres de que deben hacer ejercicio, salir a que les de el sol, socializarse con los amigos, jugar en el parque, y una larga lista de mala o buena conciencia, depende de cómo se mire, de lo que debemos hacer con los hijos.
Pero un buen día, todo puede cambiar, el cuerpo te pide parar y tomarte un respiro practicando tardes de cafe y cortadillos, ¿por qué tenemos la sensación de que eso, es perder el tiempo?
Durante años, en ausencia de hijos, alimentamos la mente estudiando carreras, idiomas, másters, alimentamos currículums para crecer como profesionales, tanto hombres como mujeres nos dejamos la piel por posicionarnos en el trabajo, pero no pensamos en posicionarnos en la vida...y cuando llegan los hijos, hacemos lo mismo con ellos.
Practicando tardes de cafe y cortadillos he podido llegar a disfrutar del tiempo con mis hijas, del tiempo con mi familia y de mi propio tiempo. Practicad yoga, meditación, mindfulnes o simplemente tardes de café y cortadillos, notaréis cómo la vida se ralentiza y el tiempo deja de ser oro para convertirse en vida.

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